El sol aún no asomaba en el horizonte cuando Yal despertó al grupo. Poco a poco, la excitación se fue apoderando de los miembros más jóvenes del grupo: Isdor y Mana contemplaban el Océano de Riscos, al tiempo que Borrka estudiaba el mapa de la región.
---- ¿Cómo viajaremos? Sólo tenemos un caballo, y el Océano de Riscos es muy ancho para atravesarlo.---- Dijo Narwen.
---- Podemos construir un vehículo como el del hermano de Mana. ---- Dijo Lommi.
---- ¡Yo quiero el dragón! ---- dijo Valinor, mirando burlón a Yal.
El grupo estalló en carcajadas. Un poco de humor matinal no estaba mal. Ya vendrían tiempos peores, pensó Yal.
Entonces llegó Baal, que había estado en el bosque.
---- Podemos hacer un carromato. Tenemos un caballo y bastante madera. Viajaríamos más cómodamente y tendríamos refugio nocturno.
---- Baal lleva razón. ¡Hagamos un carromato! ---- aprobó Valinor.
Al grupo le gustó la idea, y se pusieron manos a la obra. Mientras Valinor y Baal recogían madera, Borrka y Mana tallaban la madera, y las magas (Yal, Narwen, Lommi e Isdor) ensamblaban las piezas.
A medio dia ya estaba más o menos terminada. Era una carreta bastante simple, pero serviría. Sólo quedaba una tarea: atar a la yegua de Valinor al vehículo. De este trabajo se encargaron Baal y Valinor.
Así, llegó el almuerzo, y cuando el Sol estaba en el cenit, el grupo decidió partir. El Sendero Prohibido se encontraba cerca de allí, en dirección suroeste. Valinor conducía la carreta a lomos de su yegua. En la parte delantera se encontraban Baal, Mana y Glam, y en la trasera el resto del grupo.
Sentado en la carreta, Baal observaba el vasto Océano. Los riscos pugnaban por tocar el cielo, y las emanaciones químicas impregnaban el aire. Los fluidos volcánicos serpenteaban entre las rocas, y los vapores impedían la visión más allá del Océano. Un escalofrío le recorrió. Había algo allí. Una amenaza.
Se rascó la barba. Ésta crecía más rápido de lo habitual. Dios, hoy es luna llena...Tengo que buscar un sitio donde transformarme. Valinor volvió entonces la cabeza, y vio la expresión en la cara de su amigo. Sabía lo que aquello significaba. Debían llegar rápido al Sendero, ya que no podrían retener a la bestia furiosa en la colina. Azuzó a la yegua.
Mana también notó algo extraño.
---- Baal, tienes algo en el pelo, como canas…
---- ¿¡Qué dices!? Será un efecto óptico o algo así
---- No, en serio, Baal, tienes algo en el pelo. ¡Y mas barba!
---- Mi hermano crece, muchacha! Lógico que le salgan canas a su edad, pero no es para decírselo así.---- Decía Valinor mientras Baal le dedicaba miradas de pura furia contenida.---- Hacerse mayor duele. Llega un momento en el que ya no puedes hacer ciertas cosas…---- La mirada de Baal ahora podía fusilar a cualquiera que viera sus ojos.---- y claro, no es lo mismo…
---- ¡Val!
---- ¿Qué, hermano?
---- ¡Para!
---- Jo…
Mana presenciaba extrañada la conversación, y Glam estaba completamente dormida. El sol estaba cayendo, era media tarde, y Mana continuaba sospechando algo raro de Baal. Le miró a los ojos, y entonces lo vio.
---- Baal, tus ojos…
---- ¿Qué les pasa?---- Pero Baal sabía perfectamente lo que les pasaba a sus ojos…
---- Son como cristal…rubíes… Baal, ¿estás bien?
Entonces Baal tomó una decisión. Era arriesgado, pero debía hacerlo, no quedaba otra solución. Miró a la yan. Estaba dormida.
----Verás, Mana, hay algo que desconoces sobre mí. Sólo lo sabe Valinor, aunque creo que Yal se está dando cuenta. Lo que ahora descubrirás es un secreto que no debe saber nadie más, ¿entendido?
---- Sí
---- Bien. Resulta que yo…a ver… no soy humano… o bueno, no del todo… hay ciertas noches al mes que me ocurren cosas… bueno, ¿conoces a los Lupinos?
---- ¿Son Cambiantes no? Esos que se transforman en animales y todo eso…
---- Exacto. Los Lupinos sen los Cambiantes destinados al lobo. Las noches de luna llena me transformo en un ser parecido al lobo…
---- ¿Y hoy es luna llena?
Baal asentió con la cabeza. Ya lo había dicho, no había vuelta atrás. Como las otras veces que había hecho aquello, esperaba el rechazo.
---- Bueno, ¡ya decía yo que había algo raro en esa barba! ¡Y en el pelo! ¡Joder que tampoco eres tan viejo!
---- Pero… ¿no te importa?
---- No. Tú eres así, y lo de esta noche ya lo arreglaremos.
---- No debemos dejarle solo, pero nadie puede descubrir la verdad hasta que sea evidente. Tampoco podemos dejarle libre: ¡puede causar catástrofes! ---- Dijo Valinor
---- Yal dijo que había un refugio en la entrada del Sendero Prohibido. Lo guardan unos enanos. Le diré a Yal que nos quedemos allí esta noche.
La sureña entró en las traseras del carromato. Allí estaba Yal.
---- Yal, Baal no se encuentra bien, está mareado. ¿Por qué no nos quedamos en el Refugio del Sendero?
---- Teniendo en cuenta el estado de Baal, va a ser mejor que nos quedemos ---- susurró la Gran Maga.
Mana estaba atónita. Baal le había dicho que Yal intuía algo, pero no hasta aquel punto. Se sentó junto a Baal de nuevo. Esta noche sería bastante larga
Así, cuando aún faltaba alrededor de una hora para el anochecer, llegaron a la entrada del Sendero Prohibido. Se trataba de un estrecho camino entre las moles de magma fundido y los riscos. Un río de lava corría humeante junto al sendero.
El Sol empezó a tornarse rojizo, y Baal estaba bastante débil. Valinor tuvo que ayudarle a desmontar. La transformación se hacía notable. Baal ya andaba bastante encorvado, emitiendo pequeños gruñidos, y su cara comenzaba a deformarse, aunque aún parecía humano. En cambio, sus ojos habían mutado completamente: ahora eran des rubíes furiosos que luchaban por salir de aquel cuerpo humano: eran los ojos de la bestia.
Baal se acercó tambaleante al refugio, y entonces Mana y Valinor acudieron en su ayuda. Los tres se aproximaron a la vivienda. Ésta era una especie de posada, pero bastaste más grande y excavada en la roca de granito, aunque con numerosas puertas. De una de ellas salió une enano forzudo y engalanado con una armadura dorada. Al ver a Valinor, en su rostro se dibujó una sonrisa.
---- ¡Hola mi señor! ¡Soy Fobb, el líder del Refugio!---- Sus ojos brillaban contemplando la elegante vestimenta de Valinor. ---- Sois bienvenidos en esta casa, vos y vuestro acompañante…---- El enano ahogó un grito. Al mirar a Baal su alegría se tornó en terror. ---- Mi señor, es un…
---- ¡Sssssh! ¡Es un hombre enfermo, y necesita refugio!
---- ¡Pero está mutando! ---- Su mirada entonces se encontró con la de Yal, que se acercaba al grupo. La firmeza de la maga hizo retroceder al enano.---- Bien, vale…buscaré una habitación.
El enano retrocedió hacia el refugio sin dejar de vigilar a Baal, que cada vez se encogía más de dolor. Las orejas se hacían puntiagudas, y la camisa se le resquebrajaba en la espalda. El cambio se hacía evidente.
Yal entonces llegó al grupo.
---- Sé lo que le está pasando, Val. Mételo en el Refugio y pide una celda en la cárcel. Allí es donde estará mejor.
Valinor cumplió la orden recibida, y llegó con su amigo a la celda. Allí lo depositó sobre el suelo, tumbado. La camisa del lupino se había roto por completo, y su torso estaba completamente cubierto de vello. Su boca y nariz se estaban convirtiendo en uno hocico, y las manos eran ya fuertes garras. Ya faltaba poco.
---- Val… vete…¡VETE! ---- consiguió murmurar el lobo.
Vallinor, a pesar de su preocupación, le hizo caso a su amigo y salió de la estancia, cerrando la puerta con llave tras de sí. Había hecho lo correcto. Lo sabía, pero los gritos de dolor procedentes de la celda le decían que volviera. Entonces Yal llegó a la cárcel.
---- Vamos, Valinor, tienes que comer algo…
---- No puedo dejarlo así…
---- Tranquilo, hechizaré la puerta para que no pueda salir.
Momentos después, la maga y el príncipe subían a la taberna. Era una gran sala circular, a cuyos lados se habían apilado todas las mesas, excepto una, en la cual comían los demás miembros de la Compañía, junto con Fobb y otros enanos. En el suelo había una trampilla, que daba a la cárcel, y en las paredes había cuatro o cinco puertas que daban a la calle. Valinor se sentó junto a Mana.
---- ¿Cómo está? No pareces muy tranquilo…
---- Escucha, nunca lo había visto tan furioso. Hay algo que lo inquieta y despierta aún más su naturaleza animal. No creo que el hechizo de la puerta resista eso…
---- Tranquilo, Yal es una maga muy poderosa. Debes dejar de preocuparte. Mira, aquí estamos hablando de los seres que habitan este océano. ¿Sabías que estos enanos se ven constantemente acosados por trolls, gigantes, okta-kokta, orcos y muchas otras criaturas?
---- ¿Okta-kokta? ¿Qué son?
---- Son los hombres-chacal. Cambiantes.
Poco a poco, Valinor fue despejando su mente y se fue olvidando del monstruo que renacía en el nivel inferior, en la cárcel.
Allí, la conciencia de Baal se debatía con el instinto bestial de su mitad animal. Oscuridad. Un lobo en la noche. No, no era un lobo. Era la bestia. Le retaba. La luna llena sobre ellos. Debía luchar. Luchar por mantener el control. Era eso. El lobo le retaba a luchar por el control. La bestia despertaba en él. Debía luchar… ¡luchar!!
Gritos de dolor salían de aquella celda que contenía una horrible batalla en su interior. Instinto contra orden.
Arriba, en la taberna, charlaban alegremente, y la fiesta se prolongó hasta media noche, cuando Valinor volvió a la celda para reencontrarse con su amigo…o lo que quedara de él.
Cuando llegó a la puerta, vio que el ser del interior de la celda había intentado forzarla. El escudo había resistido…hasta ahora.
---- ¿Baal? ¿Estás ahí?
La respuesta fue un gruñido. Aquello sólo podía significar una cosa: la bestia había vencido aquella noche. Pero Valinor no iba a permitirlo.
---- ¡Baal! Si me escuchas, ¡responde!
Otro gruñido
---- ¡Escúchame! Sé que en el fondo de ese ser estás tú. Sólo TÚ. ¡Puedes liberarte! ¡Hazlo! ¡Lucha por el control de tu cuerpo!
De nuevo un gruñido… Pero ahora también se escuchaban gritos. Gritos humanos. Pero no procedían de aquella celda. Procedían de la taberna ¿Qué sucedía?
Valinor subió a ver que pasaba. La taberna estaba completamente patas arriba: las mesas y las sillas habían apilado en las puertas exteriores. El cadáver de un enano estaba recostado en la pared. Lo habían asaeteado desde una de las puertas.
El resto de los presentes se encontraban en el centro de la estancia, dispuestos a pelear. La mayoría empuñaba armas, y varias de éstas estaban manchadas de sangre.
---- ¿Qué diablos pasa aquí?
---- ¡Son los okta-kokta! No suelen atacarnos, pero odian al resto de metamorfos, deben de haberos confundido con Cambiantes. ---- Valinor, Yal y Mana intercambiaron una mirada ---- Nos atacaron durante la fiesta, cuando estabas abajo. ¡Coge tu arma y únete al grupo! ---- dijo un enano.
---- ¿Cuántos son?
---- Más de diez, seguro
---- Creo que será mejor retirarse a la cárcel, allí los “recibiremos” mejor.---- dijo Yal.
---- Sí.---- Dijo Fobb.---- Bajemos.
Los presentes (la Compañía, Fobb y otros 3 enanos) bajaron a la cárcel. El grupo se dispuso a defender la trampilla.
Yal, Valinor y Mana se acercaron sigilosamente a la celda de Baal. ¿Qué era peor, el peligro del ataque de los chacales, o la bestia que aguardaba tras ellos? Ninguno lo sabía.
---- No puedo reforzar más la puerta. Cederá pronto.---- Dijo Yal.
---- Debemos esperar.
Entonces comenzó el caos: unos chillidos de chacal en la taberna anunciaban la llegada de los okta-kokta, mientras que un rugido desgarrador surgió de la celda de Baal. La batalla en la celda había finalizado, y la batalla de la cárcel no había hecho más que empezar…
viernes, 15 de enero de 2010
miércoles, 6 de enero de 2010
Prólogo: La Reunión en el árbol solitario
El Lupino trepó al árbol que se alzaba en la cumbre de la colina. Desde allí contempló la vista: el Océano de Riscos... Una gran extensión de escarpadas y afiladas rocas. Infranqueables, pensó, y deseó que no fuera así. Se suponía que debían cruzarlo...
A lo lejos, el Lupino oyó relinchar un caballo. El viento le traía un olor familiar: el Príncipe había llegado. Una sonrisa se dibujó en la cara del hombre lobo. Por fin, pensó. Así, el Príncipe y el Lupino se reencontraron. El humano desmontó, y ambos se saludaron, como en los viejos tiempos.
----- ¿Dispuesto, viejo amigo?
----- Pues claro, hermanito, bien dispuesto
Ambos guardaron silencio y esperaron al resto del grupo. Durante la espera, un olor peculiar llegó al olfato del Lupino. ¿Elfos? ¿Quieren que crucemos un océano de lava con elfos?. Deseó que sus sentidos le hubieran gastado una broma, pero no, allí estaba, una elfa, radiante en su montura. Era alta y esbelta, y se acercaba a ellos a gran velocidad. La montura frenó en seco delante de los varones, que la miraban asombrados.
---- ¡Hola! ¿Sois de la Compañia?---- Saludó la elfa.
----¿Quién si no iba a estar aquí y ahora?---- Dijo el Lupino, asqueado.
---- ¡Bueno, pues a esperar, que todavía quedan 5 compañeros y Yal!
En este momento una nube de polvo asomó en el horizonte. Un vehículo se acercaba rugiendo. Frenó a unos 20 m del Árbol, no sin antes hacer unas pocas piruetas. La Elfa miro a los varones ilusionada:
---- ¡Mira, ya han llegado!
Entonces una mujer, con pinta de sureña, se apeó del trasto aquel. Venía riendo a carcajadas y saludó efusivamente a la Elfa. El asombro de los dos varones iba en aumento: de repente se bajaron del vehículo dos bárbaras del norte aparentemente iguales que, al igual que la Sureña, abrazaron a la Elfa. Finalmente, una yan bastante silenciosa se bajó del vehículo y saludó con un torrente indescifrable de palabras a la silvana.
Entonces se abrió una compuerta en el "vehículo" y se asomó el piloto, también sureño, que se despidio de la Sureña, al parecer su hermana. El trasto aquel se alejó en la noche, o eso intentó, porque al transcurrir algo sí como 100 m estalló en mil pedazos. De los restos salió el piloto, cubierto de hollín y riéndose a mandíbula batiente. Cogió algunas piezas de las más grandes que habían quedado esparcidas por el suelo y echó a correr, alejándose del Árbol.
Ante esta situación, la perplejidad del Lupino y del Príncipe llegó casi hasta su estado máximo.
---- Bueno, ya sólo queda una.---- Dijo la Elfa.
---- Narwen.---- respondió el Príncipe.
Narwen. Ambos varones conocían ese nombre, y también conocian a esa persona. Narwen, la hija de la Gran Maga Yal, que había reunido al variopinto grupo en el Árbol Solitario. Ésta era la mentora de muchos de los componentes de la Compañía,y se oían rumores de que podía controlar a un dragón.
Esos rumores no tardaron en confirmarse. Una llamarada surcó el cielo, y el olor a quemado fue sentido por la mayoría de los presentes. Después. una mancha roja pasó sobre sus cabezas: un dragón rojo.
El magnífico ser se posó entre los restos del artefacto del sureño, y de su lomo bajó una imponente figura. Aquella era Yal, todos la conocían, y demasiado bien.
Yal se acercó al grupo. Su túnica morada rozaba con el suelo, provocando un ruido similar al de las olas. Tras Yal caminaba una figura erguida. Narwen. Sobre su hombro se posaba Fälinor, la cría de dragón. Un aura de misticismo envolvía a las recién llegadas.
Al llegar, Narwen estalló en carcajadas y abrazó a las presentes. El aura que había desprendido hasta entonces se rompió en mil pedazos, y la tensión se transformó en confianza.
Entonces otro rugido surcó el aire, y un resplandor rojo volvió a pasar sobe la Compañía.
---- Se va... ---- Musitó el Príncipe.
---- ¡Claro! ¿Qué esperabas? !Los dragones están muy ocupados extinguiéndose como para servir a un grupo de mortales¡ ---- Respondió el Lupino.
---- Bueno, procedamos a la primera reunión.----- ordenó Yal.
La Gran Maga encendió una hoguera con sólo chasquear los dedos, y la Compañía se sentó en torno a las yamas.
---- Ante todo, las presentaciones.----- Dijo Yal.---- Yo soy Yal, la Gran Maga de la Mente, Hija de Yelioh, El Carpintero de Barcos.
Narwen entonces se levantó:
----- Yo soy Narwen, aprendiz de la Magia del Fuego, hija de Yal, la Gran Maga de la Mente
Luego le tocó a la Elfa:
----- Yo soy Lommis, El Susurro del Monte, descendiente de Tal-Obh, El Tallador de Robles
La Sureña:
----- Aquí Mana, la Lanza del Desierto, descendiente de Yora, la Maga de la Fertilidad.
Las bárbaras:
----- Yo soy Borrka, La Maza en la Noche, hija de Mazka, la Reina de la Sangre
----- Y yo soy su hermana Isdor, la Espada Silbante
Entonces les llegó el turno a los varones:
----- Yo soy Valinor, Príncipe de las Estrellas, hijo de Oth, Rey de la Noche
----- Yo soy Baal, hijo de Karrash, Princesa del Sol, y creado por Belial.---- El Lupino se ahorró indicar su naturaleza animal.
Al final le tocó a la yan:
------ Yo soy Glam, la Yan Solitaria, desterrada de su ciudad Tilibob, hija de...------ sus ojos se bañaron en lágrimas al acabar la frase.------ Gulú el Sabio y Gilad la Costurera
En ese momento se volvió a leventar Yal:
----- Bien, estáis aquí porque, como sabéis, nos han encomendado una misión: debemos llegar al Otro Lado, hasta la ciudad de Murr, y allí encontrar a Janav, La Reina de la Sabiduría, a la que debemos escoltar hasta aquí.
------ ¿Y no sería más fácil usar el dragón? ----- dijo Valinor.
------ Yo sólo cumplo órdenes, principito, y la orden es llegar allí a pie. Continúo. Debemos cruzar el Océano de Riscos. Para ello seguiremos el Sendero prohibido, que nos conducirá a la ciudad de Filif, donde pararemos a descansar. Luego nos encaminaremos hacia Kuk, la región que buscamos. Nos instalaremos en la capital, Murr, donde vive Janav. Ella no sabe que vamos allí, y nadie externo a la Compañía puede saberlo. ¿Entendido?
----- Sí.----- respondió la Compañía.
----- Bien. Mañana al alba nos pondremos en marcha.
Cada uno se retiró a sus mantas de viaje, pero Baal no pudo dormir. Había algo raro en el ambiente. ¿Qué sería? ¿La Elfa? ¿O había algo más? Se encaramó a la copa del Árbol, y guardo el campamento toda la noche. Había algo, algo en aquel océano, que no le gustaba nada. Mañana lo descubriré, pensó...
A lo lejos, el Lupino oyó relinchar un caballo. El viento le traía un olor familiar: el Príncipe había llegado. Una sonrisa se dibujó en la cara del hombre lobo. Por fin, pensó. Así, el Príncipe y el Lupino se reencontraron. El humano desmontó, y ambos se saludaron, como en los viejos tiempos.
----- ¿Dispuesto, viejo amigo?
----- Pues claro, hermanito, bien dispuesto
Ambos guardaron silencio y esperaron al resto del grupo. Durante la espera, un olor peculiar llegó al olfato del Lupino. ¿Elfos? ¿Quieren que crucemos un océano de lava con elfos?. Deseó que sus sentidos le hubieran gastado una broma, pero no, allí estaba, una elfa, radiante en su montura. Era alta y esbelta, y se acercaba a ellos a gran velocidad. La montura frenó en seco delante de los varones, que la miraban asombrados.
---- ¡Hola! ¿Sois de la Compañia?---- Saludó la elfa.
----¿Quién si no iba a estar aquí y ahora?---- Dijo el Lupino, asqueado.
---- ¡Bueno, pues a esperar, que todavía quedan 5 compañeros y Yal!
En este momento una nube de polvo asomó en el horizonte. Un vehículo se acercaba rugiendo. Frenó a unos 20 m del Árbol, no sin antes hacer unas pocas piruetas. La Elfa miro a los varones ilusionada:
---- ¡Mira, ya han llegado!
Entonces una mujer, con pinta de sureña, se apeó del trasto aquel. Venía riendo a carcajadas y saludó efusivamente a la Elfa. El asombro de los dos varones iba en aumento: de repente se bajaron del vehículo dos bárbaras del norte aparentemente iguales que, al igual que la Sureña, abrazaron a la Elfa. Finalmente, una yan bastante silenciosa se bajó del vehículo y saludó con un torrente indescifrable de palabras a la silvana.
Entonces se abrió una compuerta en el "vehículo" y se asomó el piloto, también sureño, que se despidio de la Sureña, al parecer su hermana. El trasto aquel se alejó en la noche, o eso intentó, porque al transcurrir algo sí como 100 m estalló en mil pedazos. De los restos salió el piloto, cubierto de hollín y riéndose a mandíbula batiente. Cogió algunas piezas de las más grandes que habían quedado esparcidas por el suelo y echó a correr, alejándose del Árbol.
Ante esta situación, la perplejidad del Lupino y del Príncipe llegó casi hasta su estado máximo.
---- Bueno, ya sólo queda una.---- Dijo la Elfa.
---- Narwen.---- respondió el Príncipe.
Narwen. Ambos varones conocían ese nombre, y también conocian a esa persona. Narwen, la hija de la Gran Maga Yal, que había reunido al variopinto grupo en el Árbol Solitario. Ésta era la mentora de muchos de los componentes de la Compañía,y se oían rumores de que podía controlar a un dragón.
Esos rumores no tardaron en confirmarse. Una llamarada surcó el cielo, y el olor a quemado fue sentido por la mayoría de los presentes. Después. una mancha roja pasó sobre sus cabezas: un dragón rojo.
El magnífico ser se posó entre los restos del artefacto del sureño, y de su lomo bajó una imponente figura. Aquella era Yal, todos la conocían, y demasiado bien.
Yal se acercó al grupo. Su túnica morada rozaba con el suelo, provocando un ruido similar al de las olas. Tras Yal caminaba una figura erguida. Narwen. Sobre su hombro se posaba Fälinor, la cría de dragón. Un aura de misticismo envolvía a las recién llegadas.
Al llegar, Narwen estalló en carcajadas y abrazó a las presentes. El aura que había desprendido hasta entonces se rompió en mil pedazos, y la tensión se transformó en confianza.
Entonces otro rugido surcó el aire, y un resplandor rojo volvió a pasar sobe la Compañía.
---- Se va... ---- Musitó el Príncipe.
---- ¡Claro! ¿Qué esperabas? !Los dragones están muy ocupados extinguiéndose como para servir a un grupo de mortales¡ ---- Respondió el Lupino.
---- Bueno, procedamos a la primera reunión.----- ordenó Yal.
La Gran Maga encendió una hoguera con sólo chasquear los dedos, y la Compañía se sentó en torno a las yamas.
---- Ante todo, las presentaciones.----- Dijo Yal.---- Yo soy Yal, la Gran Maga de la Mente, Hija de Yelioh, El Carpintero de Barcos.
Narwen entonces se levantó:
----- Yo soy Narwen, aprendiz de la Magia del Fuego, hija de Yal, la Gran Maga de la Mente
Luego le tocó a la Elfa:
----- Yo soy Lommis, El Susurro del Monte, descendiente de Tal-Obh, El Tallador de Robles
La Sureña:
----- Aquí Mana, la Lanza del Desierto, descendiente de Yora, la Maga de la Fertilidad.
Las bárbaras:
----- Yo soy Borrka, La Maza en la Noche, hija de Mazka, la Reina de la Sangre
----- Y yo soy su hermana Isdor, la Espada Silbante
Entonces les llegó el turno a los varones:
----- Yo soy Valinor, Príncipe de las Estrellas, hijo de Oth, Rey de la Noche
----- Yo soy Baal, hijo de Karrash, Princesa del Sol, y creado por Belial.---- El Lupino se ahorró indicar su naturaleza animal.
Al final le tocó a la yan:
------ Yo soy Glam, la Yan Solitaria, desterrada de su ciudad Tilibob, hija de...------ sus ojos se bañaron en lágrimas al acabar la frase.------ Gulú el Sabio y Gilad la Costurera
En ese momento se volvió a leventar Yal:
----- Bien, estáis aquí porque, como sabéis, nos han encomendado una misión: debemos llegar al Otro Lado, hasta la ciudad de Murr, y allí encontrar a Janav, La Reina de la Sabiduría, a la que debemos escoltar hasta aquí.
------ ¿Y no sería más fácil usar el dragón? ----- dijo Valinor.
------ Yo sólo cumplo órdenes, principito, y la orden es llegar allí a pie. Continúo. Debemos cruzar el Océano de Riscos. Para ello seguiremos el Sendero prohibido, que nos conducirá a la ciudad de Filif, donde pararemos a descansar. Luego nos encaminaremos hacia Kuk, la región que buscamos. Nos instalaremos en la capital, Murr, donde vive Janav. Ella no sabe que vamos allí, y nadie externo a la Compañía puede saberlo. ¿Entendido?
----- Sí.----- respondió la Compañía.
----- Bien. Mañana al alba nos pondremos en marcha.
Cada uno se retiró a sus mantas de viaje, pero Baal no pudo dormir. Había algo raro en el ambiente. ¿Qué sería? ¿La Elfa? ¿O había algo más? Se encaramó a la copa del Árbol, y guardo el campamento toda la noche. Había algo, algo en aquel océano, que no le gustaba nada. Mañana lo descubriré, pensó...
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