¡Bienvenidos a mi Morada!

miércoles, 6 de enero de 2010

Prólogo: La Reunión en el árbol solitario

El Lupino trepó al árbol que se alzaba en la cumbre de la colina. Desde allí contempló la vista: el Océano de Riscos... Una gran extensión de escarpadas y afiladas rocas. Infranqueables, pensó, y deseó que no fuera así. Se suponía que debían cruzarlo...

A lo lejos, el Lupino oyó relinchar un caballo. El viento le traía un olor familiar: el Príncipe había llegado. Una sonrisa se dibujó en la cara del hombre lobo. Por fin, pensó. Así, el Príncipe y el Lupino se reencontraron. El humano desmontó, y ambos se saludaron, como en los viejos tiempos.

----- ¿Dispuesto, viejo amigo?
----- Pues claro, hermanito, bien dispuesto

Ambos guardaron silencio y esperaron al resto del grupo. Durante la espera, un olor peculiar llegó al olfato del Lupino. ¿Elfos? ¿Quieren que crucemos un océano de lava con elfos?. Deseó que sus sentidos le hubieran gastado una broma, pero no, allí estaba, una elfa, radiante en su montura. Era alta y esbelta, y se acercaba a ellos a gran velocidad. La montura frenó en seco delante de los varones, que la miraban asombrados.

---- ¡Hola! ¿Sois de la Compañia?---- Saludó la elfa.
----¿Quién si no iba a estar aquí y ahora?---- Dijo el Lupino, asqueado.
---- ¡Bueno, pues a esperar, que todavía quedan 5 compañeros y Yal!

En este momento una nube de polvo asomó en el horizonte. Un vehículo se acercaba rugiendo. Frenó a unos 20 m del Árbol, no sin antes hacer unas pocas piruetas. La Elfa miro a los varones ilusionada:

---- ¡Mira, ya han llegado!

Entonces una mujer, con pinta de sureña, se apeó del trasto aquel. Venía riendo a carcajadas y saludó efusivamente a la Elfa. El asombro de los dos varones iba en aumento: de repente se bajaron del vehículo dos bárbaras del norte aparentemente iguales que, al igual que la Sureña, abrazaron a la Elfa. Finalmente, una yan bastante silenciosa se bajó del vehículo y saludó con un torrente indescifrable de palabras a la silvana.

Entonces se abrió una compuerta en el "vehículo" y se asomó el piloto, también sureño, que se despidio de la Sureña, al parecer su hermana. El trasto aquel se alejó en la noche, o eso intentó, porque al transcurrir algo sí como 100 m estalló en mil pedazos. De los restos salió el piloto, cubierto de hollín y riéndose a mandíbula batiente. Cogió algunas piezas de las más grandes que habían quedado esparcidas por el suelo y echó a correr, alejándose del Árbol.

Ante esta situación, la perplejidad del Lupino y del Príncipe llegó casi hasta su estado máximo.

---- Bueno, ya sólo queda una.---- Dijo la Elfa.
---- Narwen.---- respondió el Príncipe.

Narwen. Ambos varones conocían ese nombre, y también conocian a esa persona. Narwen, la hija de la Gran Maga Yal, que había reunido al variopinto grupo en el Árbol Solitario. Ésta era la mentora de muchos de los componentes de la Compañía,y se oían rumores de que podía controlar a un dragón.

Esos rumores no tardaron en confirmarse. Una llamarada surcó el cielo, y el olor a quemado fue sentido por la mayoría de los presentes. Después. una mancha roja pasó sobre sus cabezas: un dragón rojo.

El magnífico ser se posó entre los restos del artefacto del sureño, y de su lomo bajó una imponente figura. Aquella era Yal, todos la conocían, y demasiado bien.

Yal se acercó al grupo. Su túnica morada rozaba con el suelo, provocando un ruido similar al de las olas. Tras Yal caminaba una figura erguida. Narwen. Sobre su hombro se posaba Fälinor, la cría de dragón. Un aura de misticismo envolvía a las recién llegadas.

Al llegar, Narwen estalló en carcajadas y abrazó a las presentes. El aura que había desprendido hasta entonces se rompió en mil pedazos, y la tensión se transformó en confianza.

Entonces otro rugido surcó el aire, y un resplandor rojo volvió a pasar sobe la Compañía.

---- Se va... ---- Musitó el Príncipe.
---- ¡Claro! ¿Qué esperabas? !Los dragones están muy ocupados extinguiéndose como para servir a un grupo de mortales¡ ---- Respondió el Lupino.
---- Bueno, procedamos a la primera reunión.----- ordenó Yal.

La Gran Maga encendió una hoguera con sólo chasquear los dedos, y la Compañía se sentó en torno a las yamas.

---- Ante todo, las presentaciones.----- Dijo Yal.---- Yo soy Yal, la Gran Maga de la Mente, Hija de Yelioh, El Carpintero de Barcos.

Narwen entonces se levantó:

----- Yo soy Narwen, aprendiz de la Magia del Fuego, hija de Yal, la Gran Maga de la Mente

Luego le tocó a la Elfa:

----- Yo soy Lommis, El Susurro del Monte, descendiente de Tal-Obh, El Tallador de Robles

La Sureña:

----- Aquí Mana, la Lanza del Desierto, descendiente de Yora, la Maga de la Fertilidad.

Las bárbaras:

----- Yo soy Borrka, La Maza en la Noche, hija de Mazka, la Reina de la Sangre

----- Y yo soy su hermana Isdor, la Espada Silbante

Entonces les llegó el turno a los varones:
----- Yo soy Valinor, Príncipe de las Estrellas, hijo de Oth, Rey de la Noche

----- Yo soy Baal, hijo de Karrash, Princesa del Sol, y creado por Belial.---- El Lupino se ahorró indicar su naturaleza animal.

Al final le tocó a la yan:

------ Yo soy Glam, la Yan Solitaria, desterrada de su ciudad Tilibob, hija de...------ sus ojos se bañaron en lágrimas al acabar la frase.------ Gulú el Sabio y Gilad la Costurera

En ese momento se volvió a leventar Yal:

----- Bien, estáis aquí porque, como sabéis, nos han encomendado una misión: debemos llegar al Otro Lado, hasta la ciudad de Murr, y allí encontrar a Janav, La Reina de la Sabiduría, a la que debemos escoltar hasta aquí.

------ ¿Y no sería más fácil usar el dragón? ----- dijo Valinor.

------ Yo sólo cumplo órdenes, principito, y la orden es llegar allí a pie. Continúo. Debemos cruzar el Océano de Riscos. Para ello seguiremos el Sendero prohibido, que nos conducirá a la ciudad de Filif, donde pararemos a descansar. Luego nos encaminaremos hacia Kuk, la región que buscamos. Nos instalaremos en la capital, Murr, donde vive Janav. Ella no sabe que vamos allí, y nadie externo a la Compañía puede saberlo. ¿Entendido?

----- Sí.----- respondió la Compañía.

----- Bien. Mañana al alba nos pondremos en marcha.

Cada uno se retiró a sus mantas de viaje, pero Baal no pudo dormir. Había algo raro en el ambiente. ¿Qué sería? ¿La Elfa? ¿O había algo más? Se encaramó a la copa del Árbol, y guardo el campamento toda la noche. Había algo, algo en aquel océano, que no le gustaba nada. Mañana lo descubriré, pensó...

1 comentario:

  1. Es muy chulo y está muy bien escrito.
    Dos fallos:
    Llamas es con ll, no con y.
    Dices que a Yal la conocían todos demasiado bien, y cuando empieza a hablar se presenta a los demás (claro que puede ser porque crea que los demás no la conocen).
    Pero en general, está chulo. Sigue escribiendo en vez de tanto Casino. Ya te imaginas quien soy. El Gordito.

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